Actualizaciones
Congresos , Publicaciones y Libros.
Diploma del I Congreso Virtual Iberoamericano de Seguridad Turística y Hotelera
Diploma del II Congreso Virtual de Competitividad. Turismo de la Tercera Edad
Invitación de la Asociación Ecuatoriana de Seguridad.
Publicación Revista Baluarte Número 13
Libro "Turismo para todos" traducido al idioma portugués, en coautoría .
Primera publicación sobre "Turismo estético en Argentina". Editado en Abril del año 2007.
E-book disponible para su consulta en el siguiente enlace:
http://www.lulu.com/content/779661
Cantidad de páginas: 22.
"Psicosociología del Turismo".
E-book disponible para su consulta en el siguiente enlace:
http://www.lulu.com/content/782468
Compilado de algunos trabajos sobre Turismo para la Tercera Edad, Seguridad Turística, Seguridad en hotelería.
Cantidad de páginas: 22

Programa de Asistencia a pequeños hoteles de Centroamérica.
http://www.paph-oea-cct.com/publicaciones/ta01/home.htm
Rafael Sanjuanbenito Aguirre
Silvia Di Santo
Liliana Pantano
Luis A. Grunewald
Invitada al I Congreso Internacional de Seguridad Turística.
Isla Margarita, año 2005.
http://www.turismoaccesible.com.ar/agendas/ag05/margarita.htm
El tiempo libre en las sociedades industrializadas
El acto turístico se apoya en una porción excedente de TIEMPO sustraído al trabajo y en un cierto nivel de necesidades básicas previamente satisfechas. Este TIEMPO y este nivel de NECESIDADES son factores contingentes en la medida en que dependen de la valoración personal que de ellos hace cada individuo, pero resultan necesarios a la hora de programar un viaje.
El factor TIEMPO resulta en las sociedades actuales un bien escaso, por lo cual el individuo debe cuidar que su distribución sea lo más pareja posible en las distintas áreas de su empleo Es un bien, pero no acumulable como el capital, por lo tanto su medida y empleo colocan al sujeto frente a la mas pura inmediatez. Posee un valor en el mercado, en la medida en que es escaso, por lo cual la organización en el uso del mismo resulta una tarea compleja al hombre de hoy.
Los autores marxistas hablan de una alienación del tiempo libre en las sociedades capitalistas, en tanto los representantes de la corriente burguesa, sostienen que el individuo posee plena y absoluta libertad en las decisiones y en el empleo que hace de su tiempo libre. Es aquí el concepto de LIBERTAD el que se halla cuestionado, ocupando el eje central de un debate que intenta develar si poseemos una libertad real en nuestro tiempo libre o si ésta se nos ha enajenado.
Lo cierto es que el ideal de opulencia construido en la época de industrialización de las sociedades ha resultado ser solo parcial, por lo cual impone un sacrificio a ciertas áreas de nuestra existencia, entre ellas, el tiempo.
Queda demostrado que un crecimiento en el nivel de desarrollo económico no conlleva a una mayor disposición de tiempo libre, como se empeñan en sostener algunos analistas del fenómeno que no ven el hecho de que son las sociedades con más nivel de desarrollo las que imponen a sus miembros mayores sacrificios en su tiempo libre.
Así, el tiempo libre sobra donde mayor es la pobreza y escasea donde el nivel de desarrollo alcanzado es mas elevado. Si el acto turístico descansa, pues, sobre un bien escaso, lógico resulta que para poder sobrevivir, exija cada vez porciones menores de tiempo, dando lugar a ofertas que ofrecen al turista numerosos destinos en lapsos reducidos de tiempo, alterando de este modo lo que se considera la finalidad del acto turístico: el conocimiento genuino del lugar y su gente.
De este modo, el factor TEMPORAL resulta a menudo inhibidor en la medida en que el viajero debe adaptar su curiosidad y su mirada a la tiranía del calendario, conformándose con presenciar sólo aquello que se le ofrece ya develado, sin lugar para la sorpresa. En este sentido podemos decir que lleva a cabo un acto que es repetición de esquemas preconcebidos y en el cual su función es la de asistir a él en calidad de espectador, no de protagonista.
La espectacularidad de las imágenes que percibe no dependen únicamente de su forma de mirarlas, sino más bien de un escenario sobresaturado de estímulos que ha sido montado para que lo goce pasivamente. Esto no significa en modo alguno que el individuo no encuentre satisfacción en él, sino que se ha acomodado a las modalidades de gozar instauradas por la cultura de masas.
LAS MOTIVACIONES DEL
ACTO TURISTICO
El estudio motivacional intenta dar cuenta de aquéllos móviles y valores que orientan la conducta del consumidor.
Un MOVIL será positivo si mueve al sujeto al consumo del bien o servicio de que se trate, y será negativo si lo inhibe o desanima en su intención.
Llamamos VALOR al carácter precioso de una cosa, atribución que es personal en la medida en que es el sujeto quien le asigna la capacidad de satisfacer una necesidad o acercarlo a una meta. En este sentido hay valores en gamas interminables, puesto que los mismos varían de un individuo a otro, y en distintos momentos de la vida de un mismo sujeto. Por ejemplo, mientras un individuo sólo pueda satisfacer su necesidad de alimento comiendo pan, el pan poseerá para él un alto valor, pero en cuanto haya elevado su nivel económico, y pueda alimentarse con platos exquisitos, probablemente el valor del pan para él se vea denigrado. A los quince años la belleza del objeto de amor puede ser un valor esencial para el joven, pero a los ochenta será probablemente el compañerismo lo que la haga poseedora de valor para el anciano.
Así, los valores y móviles son elementos contingentes por su variabilidad, lo cual no significa que cualquier objeto pueda dar satisfacción a las necesidades de un individuo, sino que el mismo varía de uno a otro en función de características personales, tales como la edad, el sexo, el nivel socio-económico, la estructura de la familia, etc.
LAS Motivaciones turísticas en función del desarrollo personal
Siguiendo a Garde Enciso (2), podemos dividir las motivaciones turísticas de un individuo en dos grandes grupos: aquéllas que se hallan en función del DESARROLLO PERSONAL y las que están en función de IMPULSOS SOCIALES. Entre las primeras hallamos:
1-las necesidades fisiológicas o vitales.
2-las necesidades de seguridad-riesgo.
3-las necesidades de estima y notoriedad.
4-los deseos de autorrealización transitiva.
Las necesidades fisiológicas o vitales son tenidas en cuenta a la hora de PLANIFICAR el viaje, en la medida en que el tener aseguradas las necesidades más básicas opera como móvil positivo. Resulta natural que el ser humano busque tener garantizadas las necesidades más elementales para su supervivencia, pero el modo en que cada uno juzga lo BASICO es el elemento contingente, variable de un sujeto a otro.
Esto influirá en la ORGANIZACION del viaje, en las elecciones que se lleven a cabo, en la TEMPORALIDAD, en el DESTINO y en la ESTADIA. Por ejemplo, ciertos destinos pueden resultar más onerosos que otros y ciertos individuos preferirán reducir su estadía en ellos pero no sacrificar la categoría del alojamiento, o el confort en el medio de transporte, etc. por considerar que sólo de este modo logrará asegurarse el nivel de lo que considera elemental para sí, en tanto otros juzgarán lo básico menos pretensiosamente, pudiendo permanecer en el destino más tiempo o viajar en temporada alta sin erogaciones mayores.
Podemos señalar que a medida que la edad del individuo aumenta, en líneas generales la tendencia se orienta hacia una exigencia más estricta en el cumplimiento de estas necesidades elementales, lo cual se asocia a una mayor búsqueda de SEGURIDADES en los aspectos generales del viaje.
Por otro lado, las necesidades fisiológicas o vitales pueden asociarse a un cierto hedonismo por el cual se emprenden viajes con el objetivo de degustar comidas típicas, y del mismo modo el impulso sexual puede oficiar como móvil en la decisión de un viaje. Así, dos niveles diferentes se conjugan: uno es el de decidir un viaje en función de la satisfacción que prometa a las necesidades más básicas, lo cual parece elemental ya que conecta con la pulsión de autoconservación del ser humano, y otro nivel es el de asociar al viaje (a partir de la fantasía) con un “plus” de placer en la satisfacción de las mismas, por ejemplo, elegir una playa en función de cierto elemento erótico con el que se la ha promocionado y con el que se la asocia, o bien, realizar un tour gastronómico. En ambos niveles se ponen en juego temores y fantasías, que van desde fantasear la PRIVACION hasta fantasear ese PLUS, elementos ambos que pueden tanto inhibir el viaje como fomentar su realización. Para ciertos individuos, cierta dosis de privación puede resultar estimulante, y en otros, toda fantasía asociada a un plus de goce, puede resultar inhibidora. Nada de lo “mucho” ni de lo “poco” resulta universalmente estimulante y el abanico de combinaciones que se abre es infinito.
Esto se conecta con las necesidades de seguridad-riesgo en la medida en que el ser humano tiende, en líneas generales, a evitar situaciones que pongan en peligro su existencia. Ahora bien, el modo en que cada uno juzga lo que considera un riesgo o lo que es garantía de seguridad es el elemento variable, como lo es también la sensación asociada a cada uno de éstos: el riesgo puede ser estimulante para algunos e inhibidor para otros, lo mismo que la máxima seguridad. Dejar librado al azar algún aspecto del viaje puede causar mucha angustia en ciertos sujetos y un gran placer en otros. Vemos, por ejemplo, que los jóvenes suelen preferir los viajes de mochilero, donde no están asegurados ni el alojamiento ni el medio de transporte, lo cual constituye el factor estimulante para el viaje, en este sentido, la preferencia por la aventura y el imprevisto parece ser un común denominador en los viajeros más jóvenes. La tendencia general indicaría que a medida que la edad aumenta más temores se movilizan, sobre todo si se viaja con la responsabilidad del cuidado de los hijos, o con el temor por la fragilidad de la propia salud, como en los viajes de la tercera edad.
La búsqueda de garantías y de seguridad en un viaje suelen ser PROYECTADAS hacia otros componentes del grupo familiar, dando a veces motivo para la confrontación de padres e hijos, tornándose el viaje un escenario de conflicto familiar. El viaje moviliza temores y fantasías en los padres que ellos localizan en los hijos bajo la forma de advertencias, o bien, de prohibición. En este sentido, cuando ofrecemos un viaje a los estudiantes, estamos movilizando en los adultos temores y fantasías con las cuales deberíamos trabajar en talleres o grupos de padres, tanto en el momento previo como posterior al viaje.
Otro factor que motiva a un sujeto a emprender un viaje considerando necesidades de estima y notoriedad, podemos encontrarlo en el prestigio que el mismo, supuestamente, le otorga de cara a los demás. El turismo, sobre todo el exterior, confiere el mismo prestigio que tantos otros símbolos de nuestra cultura, a cuya posesión dedicamos tantos esfuerzos. Vemos aquí la conexión con la imagen de aquélla antigua élite ociosa que viajaba por el mundo poseyendo la exclusividad en el ejercicio de la actividad. Hoy el turismo es masivo, pero, en cierto sentido, viajamos como si lo ignorásemos, comportándonos como réplicas de aquéllos turistas de élite.
El viaje es tomado como medio de engrosar el currículum, al tiempo que eleva el sentimiento de autoestima, teniendo su origen a menudo más que en un genuino deseo, en una obligación social.
El movimiento en masa de los turistas de hoy, hace que aquéllos que desean diferenciarse, busquen sitios inexplorados, a los que transformar en símbolos de una élite a la que representan, pero que pronto se verán invadidos por aquéllos que los toman como grupo de referencia. La búsqueda de símbolos exclusivos, no masificados, conduce a ciertos grupos hacia experiencias turísticas novedosas, que confieren el prestigio de haber visto o vivido algo diferente de los demás, lo cual pronto se transformará en el ideal turístico de la mayoría, debido a que la movilidad social en las prácticas de esparcimiento es acelerada. El juicio social no se detiene en los bienes que un sujeto posee, ni en la profesión que ejerce, sino que se basa también en la manera en como emplea su tiempo libre, y en el modo en que hace turismo.
En relación a lo que Garde Enciso llama deseos de autorrealización transitiva vemos que alude a la búsqueda del sentido de la propia existencia, a ensanchar el horizonte comunicándose y acercándose a los otros ampliando de este modo la conciencia del universo.Podemos señalar distintos niveles de este deseo, que van desde el viajar para acercarse y conocer otros sitios, otras personas y culturas hasta el viajar misionando, para prestar asistencia a otros carenciados. ”...Es tomar conciencia de la obligación que impone, a la propia vida, la vida de los demás..” dice el autor.
Podemos ver aquí las huellas de los viajeros expedicionarios, que después de 1750 viajaban para explorar y sin espíritu de conquista. El ejemplo mas acabado es el de James Cook cuyos viajes científicos estaban lejos del afán de conquista de los colonialistas y que ha fundado, sin saberlo, la etnografía, basándose en el respeto y conocimiento del otro, no en su sometimiento. Han fundado una cierta manera de ver y de pensar que aún está vigente en el idealismo humanitario de algunos pocos que hacen del viaje la ocasión para testimoniar su compromiso consigo y con la vida. Es un tipo de viajero que se encarna en unos pocos de modo manifiesto, pero que pervive en muchos de una manera adormecida. Trabajar para despertarlo tal vez sea una tarea que devuelva su sentido originario al acto turístico. Como señala el autor, hay un punto en que el deseo de saber y el tener interés por algo se transforma en amor hacia ese algo. A un acercamiento objetivo y una curiosidad racional pueden seguirle el amor por las cosas, para lo cual la adolescencia es un período propicio por la fuerza que en ella cobran los ideales de justicia, de belleza, de verdad. Tal vez debamos ofrecerles la posibilidad de superar la fugacidad del tiempo dedicado a viajar a través de una continuidad que enlace el juego y el deber, el conocimiento y el goce, reemplazando tal vez los manuales de historia y geografía y las clases teóricas por videos turísticos, por dramatizaciones en clase que les permitan sentirse un poco colonizadores, un poco expedicionarios. Explicar la fauna y la flora jugando a que hoy se realiza un safari en el cual ellos son alternativamente el cazador y la víctima, y mañana organizar un safari fotográfico. Deberíamos superar primero el temor y la angustia que suscita romper con las vías consideradas adecuadas para la transmisión del saber, trabajando este aspecto con padres y docentes ya desde la enseñanza primaria. Tal vez la historia cobre otro sentido si enseñamos jugando los viajes de conquista, y tal vez el mundo se abra ante sus ojos si lo surcan en un jet imaginario. Dramatizar los viajes permitirá aprender a viajar, y jugar a ser el otro, enseñará a conocerlo.
MOTIVACIONES TURISTICAS EN
FUNCION DE LOS IMPULSOS SOCIALES
En este caso, establecemos la siguiente clasificación:
1-Impulso de afiliación.
2-Impulso adquisitivo.
3-Deseos de emancipación.
4-Deseos de evasión.
5-Impulso de curiosidad.
El impulso de afiliación opera como móvil para viajar en virtud de la tendencia hacia el agrupamiento presente en el ser humano. Los hombres buscamos la compañía de aquéllos que se nos asemejan y también albergamos curiosidad por conocer a quienes son diferentes. El viajar en grupo resulta un móvil positivo sobre todo para los más jóvenes en quienes el instinto gregario es fuerte. Para quienes no tiene posibilidades de viajar acompañados y sienten un peso en su soledad, se ofrecen grupos de “solos y solas” que permiten superar la angustia de hallarse solo en vacaciones, angustia que se hace sentir más que en otras épocas del año, debido a que las exigencias laborales y de todo tipo distraen al sujeto y lo alejan un poco de su soledad.
Vemos que la gente que realiza estos viajes está sola de pareja, no de otros vínculos, siendo el estado civil el factor que más influye en la compra de estos tours, que están conformados en su mayoría por divorciados, viudos o solteros. Este tipo de turismo recibe el nombre de “relacional” y resulta un fenómeno típico de las sociedades complejas, altamente industrializadas, donde además del viaje se compra la compañía y la promesa implícita de un vínculo amistoso o amoroso con algunos de los integrantes. El tiempo libre suele disparar sentimientos de culpa o angustia asociados al “no hacer nada”, que confronta al sujeto a una especie de vacío cuando no tiene que correr en pos del éxito. Y ahora qué?, pareciera ser la pregunta, que se torna más angustiante cuando se está solo. En este sentido, los tours relacionales aspiran a ser un paliativo para la soledad en el tiempo libre.
El impulso adquisitivo es el que da origen a los viajes de compras. En algunos casos tiene la fuerza motivacional suficiente como para ser causa única del viaje, y otras, resulta un motivo accesorio de importancia, aunque no sea central. Opera casi exclusivamente en los viajes al exterior, y en nuestro país hemos tenido una época favorable para este tipo de viajes, acuñándose la frase “déme dos” con que el turista argentino recorría el mundo. Como el turismo es un bien de consumo transitorio, los objetos que se traen de un viaje parecen inmortalizarlo en la medida en que son su testimonio. Aquí podemos diferenciar entre el objeto que se trae como souvenirs porque es típico, sea para regalar o para conservarlo consigo, de aquéllos cuya adquisición abarata su costo pero que no posee el carácter de símbolo del lugar visitado. Así, no es lo mismo regresar de un viaje con un microondas que con un tapiz confeccionado artesanalmente. Importa pues, no sólo el objeto, sino el poder motivador que el mismo haya tenido para acercar a una persona a un sitio determinado, en la medida en que ha sido revestido por ella de un valor, sea porque su posesión le confiere prestigio (objeto fetiche) o porque satisface una necesidad.
Los deseos de emancipación resultan especialmente importantes para el adolescente, que toma al viaje como ocasión para lograr la independencia, o consolidarla. Aquí choca a menudo con cierta resistencia por parte del adulto quien ve un peligro o amenaza en este deseo de emancipación del hijo, transformándose el viaje en el escenario de disturbios vinculares. El deseo de irse de vacaciones solos, sin sus padres, encuentra su satisfacción en el viaje de fin de curso, a menudo el primero de una serie que sobrevendrán. Aquí el factor económico incide fuertemente, transformándose el dinero a menudo en el último vestigio de poder que queda en manos del adulto, quien lo utiliza para autorizar o prohibir ese pedido de los hijos, escondiendo temores, fantasías, miedos.
Si el adolescente acepta la situación (aunque proteste), sin intentar siquiera romper con ella procurándose un dinero propio, será porque el pedido de independencia está aún teñido de ambivalencia. Querer irse y desear quedarse bajo el amparo protector de los vínculos parentales resulta típico en este período. Resultará importante escapar de la tutela económica paterna si se albergan deseos genuinos de emancipación, y los padres por su parte deberían sentir que los hijos les hacen un honor al hacer por ellos mismos lo que tienen que hacer. Vemos que los viajes de fin de curso de enseñanza media son pagados por los padres, y que a menudo el joven ni siquiera conoce con exactitud los costos del mismo. No hay conciencia de que la independencia no es un regalo que cae del cielo, sino un trabajo permanente con uno mismo para poder situarse en un lugar ganado, donde no se reedite la dialéctica del amo y el esclavo. Educar a los jóvenes en la toma de conciencia de que el control que se ejerce sobre ellos está vinculado con los esfuerzos que no realizaron y las comodidades a las que no renunciaron, parece una tarea que se impone.
Creemos que educar a los jóvenes en el manejo del dinero consiste en lo que Clara Coria (3) señala como “metodología del goteo”, esto es, no dar nunca más dinero del estrictamente necesario, hacerlo efectivo luego de que surge la necesidad y evitando todo grado de libertad a quien lo requiere, todo esto en función de las fluctuaciones de humor y del estado de ánimo de quien lo da, o del momento particular por el que atraviesa la relación. Un hijo que acepta la política del goteo y un padre que soporta la demanda cotidiana terminan hartándose por no poder efectuar el corte necesario en el momento preciso. Deberemos, pues, considerar la importancia fundamental de posibilitar que el viaje sea pagado por el joven cuando vamos a ofrecérselo, a través de reuniones con ellos y sus padres facilitando la ruptura de la dependencia económica y traspasando el protagonismo a quien tiene que ejercerlo: el joven en su viaje de fin de curso. Resulta llamativo en las encuestas que no sepan dar cuenta de los servicios que han contratado, por ejemplo, si incluía la práctica de sky, qué calidad y cantidad de comidas diarias, cuántos iban a ser alojados por habitación, desconocimiento que muestra claramente que el que no paga no pregunta, no sabe, no tiene, queda a merced.La autonomía se restringe y es así como una vez en el lugar de destino no se sabe qué reclamar, ni qué servicios esperar.
Respecto del deseo de evasión, vemos que el mismo resulta el móvil central para el acto turístico, siendo mencionado como tal por los diferentes autores que analizan el fenómeno, aún cuando difieran en otros puntos. Evadirse implica romper con las esclavitudes y servidumbres cotidianas, encontrando para ésto cada individuo su modo, siendo el viaje una posibilidad privilegiada.
Todo viaje conlleva fantasías previas infinitamente variables: solucionar en él los problemas de pareja al disponer de mas tiempo y un entorno favorable, practicar un deporte en vacaciones luego de un año de sedentarismo, olvidarse del trabajo, encontrar pareja, divertirse. Antes del viaje se motorizan ilusiones, idealizándose lo que vendrá como un oasis, sobredimensionando la función reparadora del ocio. Tal es la necesidad de escapar, que a menudo sostenemos la ilusión de ser otros, como si ignorásemos que las esclavitudes y servidumbres son internas, y no dependen de factores geográficos ni temporales. No es que lo ignoremos, es que necesitamos aferrarnos a la idea de que se puede vivir otra vida, lo cual a menudo hasta resulta posible, y muchos cambios se suceden luego de un período vacacional. Pero también puede ocurrir que la decepción sea muy fuerte y el que no sabe jugar, no juegue, el que no sabe mirar, nada descubra. Conectarnos con la posibilidad de GOZAR de nuestro tiempo libre y nuestras vacaciones puede estar requiriendo un trabajo previo de entrenamiento en la medida en que se halla enajenado.
Llamaremos “neurosis del tiempo libre” a la patología típica del hombre contemporáneo de las grandes metrópolis que se halla impedido de gozar de su inactividad. Ya desde niños nos enseñan que si se juega es para ganar, no por el placer de jugar, si se aprende es para rendir examen, no por el placer de aprender. El placer visual ha sido transferido a la filmadora, no necesitando ya detenernos a contemplar un objeto bello, porque en segundos la máquina lo habrá captado para siempre, dándonos la posibilidad de reproducirlo cuantas veces uno lo desee.
Este hombre deberá aprender que el GOZAR de su inactividad no es una obligación, sino un DERECHO. Ahora bien, cómo puede un ser humano aprender a disfrutar?, es posible enseñar a gozar del tiempo libre?. Habrá que trabajar para ello en la escuela, en la empresa, en la fábrica, en la familia, con talleres donde poder generar un espacio para el debate, donde cada uno pueda conectarse con esa porción de tiempo que tiene para sí, donde NO SE ESTA OBLIGADO a ganarle a nadie, a batir ningún récord, a agradar a nadie, a ir a ninguna parte si no se lo desea. Posibilitar que el sujeto se interrogue por lo que desea, más allá de lo que supone que los demás le demandan, resultará esencial.
Crear un lugar donde podamos ver qué cosas hacemos en nuestro tiempo libre, porqué y para quién. Donde se puedan revisar los ideales de evasión que la cultura nos impone. Poder reproducir nuestro último fin de semana y nuestro último veraneo en un espacio dramático donde aparezcan los otros internalizados y sus mandatos. Tal vez podamos recuperar para nosotros, solo para nosotros, esa porción de libertad que nos pertenece y de la cual tenemos el uso exclusivo.
Por último, habremos de referirnos al impulso de curiosidad, que se conecta con algunos de los anteriores móviles ya expuestos. La curiosidad es ese interés por las cosas que nos lleva a querer explorarlas, manipularlas, conocerlas. Desde que nace el ser humano desarrolla modos diversos de aprehensión de la realidad; en los primeros meses se acerca a los objetos y los conoce chupándolos, luego desarrolla otros modos como el tocarlos, mirarlos, hasta que finalmente hay una aprehensión intelectual y racional del mundo y de las cosas. La curiosidad da lugar al conocimiento, y ya desde niño muestra el ser humano ser un investigador, tarea que verá facilitada o coartada conforme a las posibilidades que el ambiente en que crece le ofrezca. S. Freud nos enseña que las primeras preguntas de los niños acerca de la diferencia sexual entre el hombre y la mujer, o del nacimiento de los bebés, etc. resultan ser el germen de los ulteriores destinos que sufra el instinto de investigación.
La niñez es una etapa particularmente propicia para estimular este deseo de saber, al igual que la adolescencia, y en este sentido un medio ambiente estimulador favorecerá su desarrollo. Tal como señala Garde Enciso, la saturación de estímulos en que vivimos provoca esfuerzos desesperados por complejizar cada vez más el medio ambiente, aumentando el interés.
Estos distintos móviles que hemos expuesto, se combinan de modo diverso en cada individuo conforme a variables tales como la edad, ocupación, nivel socio-económico, sexo, estado civil, etc, de manera que el acto turístico se halla sobredeterminado a la vez por un deseo individual y por los valores y normas del grupo de pertenencia.
BIBLIOGRAFIA
(1) Plan Federal de Marketing Turístico: Consideraciones preliminares. Comisión de Marketing Turístico. CONSEJO FEDERAL DE TURISMO. 1992.
(2) Garde Enciso:”Comportamiento turístico en el contexto español”, Cap.1, Estudios Turísticos, España.
(3)Coria Clara. "El dinero en la pareja. Algunas desnudeces sobre el poder". Grupo Editor Latinoamericano. 1989. Página 39.
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